Intimidad vs Publicidad: Alemania vs Street View de Google

Ayer, en un mediokilométrico tocho sobre el turismo y la sociedad digital les contaba que la geolocalización y la valorización económica del entorno se estaba produciendo como consecuencia del uso de las e-tools. Sin embargo, el tema de la privacidad y la intimidad no lo toqué.

De eso ya se ha encargado el gobierno alemán. Con ese estilo claro y directo que caracteriza a los alemanes le han espetado a Google que su caza de fotos parece aún más agresiva que la del más agresivo de los servicios de inteligencia.

La cuestión para el gobierno alemán radica en si Google debe poder colgar las fotos del Street Wiew (y no sé porqué sólo del Street View, ¿no puede salir gente en las fotos de google maps?) sin autorización previa de las personas que aparezcan en ellas.

Vamos a dejar a un lado la trifulca entre los germanos y Google y generalicemos. Lo digo, entre otras cosas, porque lo de atacar a Google puede resultar muy molón, pero servicios de alojamiento de fotos hay a patadas. No sólo Google, y estoy por terquear que en todos, en mayor o menor medida, nos podemos encontrar con esta cuestión.

Pero cabe que nos preguntemos: ¿Por qué? ¿Por qué atacar a Google? ¿Al fin y al cabo en la prehistoria digital, antes de la invención de Internet, ¿no nos retrataban “casualmente” en cualquier foto cualquier turista o vecino que estuviese retratando a sus familiares o amigos o simplemente tomando una instantánea de un lugar, edificio o plaza?

La cuestión en todo esto es el nivel de difusión de un elemento de información a través de Internet.

Cuando un extraño se larga con una fotografía de nuestra cara, puede llegar a resultarnos indiferente. Pero porque no pensamos qué uso hará de ella. Imaginamos que pretende sacar una foto de su familia o del paisaje existente. Pero ¿y si pensáramos que lo que pretende es sacarnos a nosotros, que después va a recortar nuestra cara y ponérsela a un cuerpo desnudo y colgarlo en Internet?

La realidad es que Street View de Google o cualquier otro servicio de alojamiento de material multimedia es un hervidero de revelaciones de comportamientos no secretos o públicos pero para los que no necesariamente queremos más publicidad de la que nosotros mismos habíamos decidido darle libremente.

Es cierto que una persona que sale a la calle está en un espacio público y por tanto sus acciones no se pueden considerar privadas y mucho menos secretas. Pero igualmente es cierto que las personas cambiamos nuestros comportamientos en función del grado de publicidad que éstos tengan o vayan a tener.

Al contrario de lo que sostienen los socialistas de todos los partidos, los derechos no los dan las leyes. Los pueden atropellar, pero eso es otra cosa. Los derechos son inherentes a la persona y su capacidad para interactuar con el entorno.

La cuestión no es que el acto o hecho no sea público, sino ¿por qué no ha poder decidir su protagonista el grado de publicidad del mismo?

Evidentemente soy consciente que este enfoque presenta múltiples problemas; pero me parece interesante los aspectos que plantea. De cualquier forma, sólo es una reflexión. Como tantas otras que se puede hacer. De lo que sí estoy convencido es de que éste es uno de los grandes debates a resolver y que marcará el desarrollo de Internet de un modo decisivo.

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Archivado bajo google, internet, Sociedad de la Información

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