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Vida más allá de Facebook

Parece que la gran maquinaria de Facebook lo engulle todo. Si la web está muerta, que proclamaba WIRED este año y los blogs ya no son la cresta de ninguna ola, FACEBOOK es sin duda el rey de reyes de Internet. Por aplicaciones, FACEBOOK ocupa el primer puesto del podio, seguido de Windows Live (sí, sí, Windows Live) y TWITTER (sí, sí, Twitter a pesar de pasarse la mitad del tiempo caído). Como empresa, FACEBOOK  (¿41.000 M$?) podría competir de tu a tu con AMAZON (74.000 M$) y GOOGLE (192.000 M$). Es el tercero en discordia, pero está ahí, amenzando desvancar a alguno de ellos, como ya ha hecho con eBay. Y que las redes sociales compitan de tu a tu con el buscador de buscadores, dice mucho de cómo ha cambiado Internet en los últimos años y hasta dice bastante de cómo va a seguir cambiando. Pero ahí están. ¿Llegará el día en que lo que no esté en una red social masiva simplemente no exista? ¿O quizás para algunos ya ha llegado ese día? Algo sucederá, como siempre sucede, un algo “disruptivo” que diría algún gurú que haga que, como siempre, nada sea absolutamente de una forma y que en poco tiempo cambie la forma de concebir Internet.

Algunas asignaturas que, aunque ya se imparten, están aún en fase embrionaria, son las que tienen que ver con la virtualización de la realidad, la creación de entornos interactivos, el perfeccionamiento de los e-learnings,… Quedan tantas cosas por incorporar e integrar, por intervenir en el remodelado de las comunicaciones sociales que… cuando uno mira a lo que hay en la pantalla del ordenador se da cuenta que no es nada comparado con lo que tiene que venir y a no mucho tardar…

Pero la realidad de momento es muy clara: Facebook lo engulle todo. El último combatiente en claudicar es MySpace, que en breve aceptará la conexión vía Facebook en su red en lo que los analistas ven con su capitulación.

Y mientras Facebook lo engulle todo, su creador, Mark Zuckerberg, proclama haber cometido todos los errores del mundo mundial. Pues menos mal, ya me quedo más tranquilo.

Eso sí, mientras Facebook sigue avanzando a toda máquina, sorprende cómo Windows Live Messenger – el viejo messenger de toda la vida – sigue vivo y colea con energía. No sólo está en el podio de los grandes (como ya señalé más arriba), es que además es la segunda aplicación más usada en FACEBOOK. Que cabe pensar que al final ese espíritu catetillo que todos llevamos dentro en mayor o menor medida ha impulsado a no poca gente a seguir usando su messenger de toda la vida pero a través de Facebook, para que no se diga que no están donde hay que estar.

 

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Facebook te ayuda a proteger tu privacidad

¿Será que han leído mi opinión sobre la estratificación digital? No creo, pero realmente está bien que los chicos de Palo Alto se hayan preocupado por ayudar a todos los feisbuqueros de las posibilidades de configuración de su privacidad y de las medidas de seguridad (policía incluida) de las que dispone la red.

Esto se venía echando en falta y empezaba a ser un riesgo, de hecho ya estaban empezando a aparecer aplicaciones de terceros para decirte cómo estaba tu nivel de seguridad y cómo mejorarlo. Algo que tenía el peligro de convertirse en una ventana indiscreta cuando no directamente envenenada.

Toda la información sobre la seguridad de Facebook, en su página web.

Por supuesto, la información es muy útil, pero no precisamente muy objetiva. Por ejemplo, fails de traducción aparte, Facebook recomienda que las ideas políticas se compartan con los amigos de los amigos. Bueno, esta recomendación podría ser discutible.

En cualquier caso, aunque leer la Política de Privacidad le quitará el sueño a más de uno pensando en todo lo que Facebook y terceras partes saben a estas alturas sobre él, yo lo recomiendo. Está todo en español, y aclara muy bien, con todo lujo de detalles, lo que hace y lo que no hace Facebook con nuestra información y nos recuerda lo que hacemos nosotros con ella; y también es bueno recordarlo porque la privacidad en Facebook tiene dos protagonistas: Uno, Facebook, por supuesto; el otro, nosotros.

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¿De la brecha digital a la estratificación digital?

En un interesante artículo de Business Insider, Gregory Galant nos cuenta cómo la privacidad es cada vez más difícil de gestionar en los social media. De hecho, dice el autor, esto de Facebook empieza a ser como programar el vídeo hace años. Y es cierto. Las redes sociales implican fuertes recelos para muchos usuarios de Internet precisamente por la falta de privacidad que su uso implica. Es más, este hecho llega en algunos casos a suponer tal rechazo que directamente se las menosprecia afirmando que dichas redes sólo sirven para el cotilleo baladí o que son una pérdida de tiempo.

Es un fenómeno curioso el que están produciendo las redes sociales, ya que desde la aparición de la informática personal fundamentalmente se había producido una “brecha digital”.Fenómeno éste que, limitándolo al primer mundo, básicamente consistía en que antes de y después de la aparición del ordenador se había dividido a la sociedad en dos: Los que lo habían asumido como una tecnología fascinante de la que querían sacar el mejor provecho, y los que vieron en el ordenador un aparato extraño con el que nunca se familiarizarían por muchos cursos de ofimática e internet que hicieran.

Sin embargo, las redes sociales de masas están generando la aparición de nuevas brechas, y por tanto, estratificando a los internautas. Hasta ahora los internautas podíamos ser muchas cosas, pero nuestras principales diferencias como usuarios de la red se debían al uso que a ésta le diéramos y no a la dificultad técnica que las actividades supusieran. Por decirlo de otro modo, entre chatear, forear, comentar en un blog o jugar en red no había muchas diferencias en cuanto a la dificultad técnica y realmente, entre dedicar el tiempo a unas u otras actividades era una cuestión de gustos. Con las redes sociales esto se ha acabado.

Las redes sociales han introducido un nuevo elemento en el escenario en red: La privacidad. Un elemento muy especial que está levantando susceptibilidades entre muchos internautas y está provocando una división en el seno de la gran comunidad global que es Internet.

Miremos las cifras: 1.800 millones de usuarios de Internet en todo el mundo. 400 de ellos en Facebook. Más de 100 millones, Twitter (no necesariamente distintos a los de Facebook). 65 en Linkedin (una vez más, no necesariamente distintos a los de Fb o Tw).

Así que, cabe preguntarse (repito, cabe preguntarse, porque aquí respuestas cerradas no hay ni una, ni en este blog pretendo otra cosa que apuntar ideas y hacer reflexiones) si al igual que en las décadas pasadas a pesar del objetivo primero de que la informática fuese sencilla y alcanzable por todo el mundo, el ordenador personal supuso la primera gran brecha digital en la sociedad, las redes sociales y su incapacidad para gestionar la privacidad a gusto de todos van a acabar convirtiéndose en el desencadenante de la primera gran brecha entre los internautas.

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Todo va a Cambiar, Enrique Dans

Todo va a Cambiar es un libro fundamental para todos aquellos que no sean geeks, pero aún así aspiren a no quedarse desconectados. Políticos, empresarios y ciudadanos de a pie harían bien en leerlo. No es un manual de negocios, pero sí una magnífica guía para comprender un poco mejor la Sociedad de la Información. Para los que no hayan estado hasta ahora en Internet, Todo va a Cambiar les va a dar sobradas razones para darse cuenta de su error. Para todos los que hemos estado, Todo va a Cambiar no aporta nada nuevo, salvo quizás la descarnada descripción de porqué tanta gente nos mira mal.

Como ya les anticipé hace unos días, el libro de Enrique Dans cayó en mis manos el mismo día que se ponía a la venta. Sí, cayó en mis manos.

Él estaba apaciblemente colocado en una más que discreta posición de una más que longeva y céntrica librería de mi ciudad(*), yo lo vi y, como quien no quiere la cosa, decidí que era cuestión de agacharme disimuladamente, antes de que el propio Enrique se asustase desde la portada ante la notoria avidez de mis manos. Así lo hice. Lo pagué y cuando llegué a mi casa empecé a leerlo.

Sí, lo digo claramente. Tenía ganas de leerlo. Porque lo usual es que este tipo de libros los escriban gurús de lengua inglesa, cuyos trabajos muchas veces no se llegan ni a traducir, o lo que es peor ni siquiera llegan a las librerías directamente. Así que, cuando todo un profesor del Instituto de Empresa – IE- , cuyo prestigio como institución de formación postgrado creo que me permite ahorrarme cualquier presentación al respecto -, español ¡y encima coruñés como yo!, se decide a escribir un libro sobre el profundo cambio que se ha producido en el mundo como consecuencia de la entra de las TIC, y especialmente de Internet, yo quiero tener un ejemplar entre mis manos cuanto antes, para poder disfrutarlo.

Y, el resultado de mi adquisición es que estoy aquí escribiendo esta crónica de esa faceta de mi vida de lector compulsivo, a las 9:25 de la mañana recomendándole a cualquier persona que se acerque por mi blog que adquiera el libro si no lo ha hecho, y que lo lea si ya lo ha comprado, pero lo tiene aún pendiente de lectura.

¿Que por qué habría de hacerlo? Claro. Ese es el meollo de la cuestión. Pero yo le contestaría: Me resultaría más fácil poder decirle porqué no. Y la razón por la que no comprarlo es sencilla y a la vez demoledora: Porque tal vez le puede llegar a estresar. Sí, en serio. Si no es usted como yo, puede que se estrese leyendo este libro.

Yo soy una persona que ha vivido el nacimiento de la era del PC. Es más, vi como todos mis amigos acaparaban aquellos artilugios que hoy caben en programitas ridículos y nimios que se llaman emuladores. ¡Y entonces nos parecía todo un espectáculo de la tecnología! Pero no la viví como cualquier otro, la viví con la intensidad de los tecnófilos, tecnólogos o más comunmente, frikis, geeks,… Como ustedes quieran. Y desde entonces hasta hoy. Así que a mí, este libro lo que me ha aportado son horas de lectura amena, agradable y, aunque pocos, algún que otro desacuerdo con el autor; pero, ninguna novedad. Eso sí, una sólida y bien explicada descripción de la realidad. Y, todo hay que decirlo, Enrique Dans escribe bien.

En muchos aspectos dicha descripción está limitada por razones de simplificación explicativa, imagino, pero limitada al fin y al cabo.  Por ejemplo, cuando habla de las fricciones clásicas – con unos u otros nombres- que se reducen no explica, sin embargo, que Internet introduce algunas fricciones nuevas. Sin embargo, aún así, la descripción global, de conjunto, que se desarrolla a lo largo del libro resulta muy certera.

Por todo ello es por lo que Todo va a Cambiar puede llegar a estresarle; porque la realidad que nos ha tocado vivir es de todo menos apacible. Es extraordinariamente cambiante, inestable e incierta; lo cual para una persona como yo resulta fascinante; y lo es. Pero desde luego, no es tranquila, y por tanto cuando se dé de bruces con la realidad es posible que se estrese un poco.

Pero ¿qué cuenta el libro?

El libro, escrito bajo licencia CC, se estructura formalmente en un Prólogo de Vinton Cerf (¡ahí es nada!), una introducción y 17 capítulos. En él, el profesor Dans nos va contando cómo está el mundo. Cómo ha cambiado ya y cómo esos cambios en muchos casos no son más que atisbos de lo que se avecina.

Todo va a Cambiar está escrito con un lenguaje sencillo que lo hace accesible para el más profano en la materia. En algunos momentos utiliza símiles con la Biología, campo del cual proviene originalmente el autor, para comparar Internet y los cambios que se producen en el mundo con un ser vivo o un ecosistema. Y en otros utiliza algún anglicismo del que podría haber prescindido. Pero en todos los casos la amenidad y sencillez del libro es indiscutible.

A lo largo de sus páginas van a apareciendo distintos personajes, muchos de ellos conocidos: Los copyrights, la Wikipedia, Microsoft, Google,… Pero no sólo esos grandes personajes. De lo mejor que se puede decir de este libro es que en él aparecemos usted y yo. Sí, en serio. Ahí estamos. Todo va a Cambiar es un libro, se lo crea o no, donde estamos todos.

El libro comienza con una descripción desabrida y nada políticamente correcta de la confrontación entre la industria del soporte físico de contenidos e Internet. Un tema conocido por la inmensa mayoría, aunque a través de informaciones distorsionadas e interesadas que Dans deconstruye magníficamente a lo largo de su ensayo. Pero ese enfrentamiento entre el progreso y los lobbies de presión que intentan frenarlo es sólo el principio. El punto de arranque desde el cual el autor va a sumergir al lector en un apasionante viaje por la realidad en la que no sólo hay átomos sino también bits. He de reconocer que me ha encantado volver a leer esta división clásica establecida para el gran público magistralmente por Nicholas Negroponte en El Mundo Digital nada más empezar el libro con una simpática anécdota sobre el valor del hardware y del contenido.

A pesar de lo dicho hasta aquí respecto del comienzo de la obra, los primeros capítulos en general son más bien ligeritos. Casi podríamos decir que son una introducción larga. Como una especie de terapia relajada para que el lector tome asiento y se ponga cómodo. “Pase, pase. Siéntase como en su casa, póngase cómodo, ¿ve cómo lo llevo por caminos conocidos?” “Sí, sí, claro…”. Pero a medida que el libro avanza…

No, no le voy a contar más. ¡Claro que no! Porque cada experiencia es única y personal, y bastante les he contado ya de la mía. ¡Léase el libro y podrá tener su propia experiencia personal y tan transferible o privada como usted quiera!

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(*) Sí, la verdad es que fue decepcionante encontrarlo tan mal situado teniendo en cuenta que mi ciudad fue – si los pocos datos biográficos que se señalan del autor por algunos sitios de Internet no son erróneos – la que lo vio nacer y que la librería en cuestión tiene una largo catálogo de libros sobre la ciudad pero bueno, son cosas del directo.

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El caso Cisjordania: La culpa no es de Facebook

El Ejército israelí se vio obligado a cancelar hace varias semanas una operación de detenciones en Cisjordania después de que un soldado de una unidad de elite de los Cuerpos de Artillería anticipase el despliegue en una actualización de su Facebook,[…]

Esta noticia me cogía por sorpresa esta mañana en plena conversación. Como no, en seguida salió el intelectual de medio pelo a decir que la culpa es de la tecnología y que Facebook tiene una responsabilidad sobre lo que dicen sus usuarios en su Site.

¿Eh?

Este mismo tema se viene repitiendo de forma inmisericorde casi a diario en todas las esquinas de Internet. El responsable de una web lo es de todo lo que se diga en ella. ¿Cómo no? Al fin y al cabo es el medio de difusión…. Y es aquí cuando llega mi perplejidad. ¿A que a ustedes no se les ocurre culpar a los terminales de que un grupo de ladrones orquesten su fechoría vía telefónica?

¿Entonces por qué culpar al medio cuando el medio es Internet?

¿Qué pasa? ¿Que entonces nadie tiene la culpa de lo que ha sucedido?

Por supuesto que alguien tiene la culpa: El soldado que lo ha contado. Al que espero alguien tenga la sensatesz de aplicarle las medidas disciplinarias correspondientes.

En el subconsciente colectivo seguimos pensando que necesitamos de alguien que nos proteja de nosotros mismos, pero no es así; ese paternalismo protector que nos defiende de nuestra propia libertad está abocado a extinguirse. Internet es una herramienta, un medio, y un nuevo paradigma de relación entre las personas. Como diría Enrique Dans, no es que todo vaya a cambiar, es que ya está cambiando. Esto también.

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La traslúcida seguridad de Internet

Si usted tiene un perfil en una red social lo más seguro es que le haya contado su vida a muchas más personas de las que siquiera imagina.

No quiero asustarle, ni mucho menos. Pero la realidad es que la seguridad de las redes sociales deja bastante que desear. Y no son precisamente las más populares las más seguras. Más bien al contrario.

La seguridad de la información en las redes sociales es un hoax tan grande como las profecías de Nostradamus. Basta un amigo que conoce a un amigo, para que la información circule más allá de lo que pretendíamos. Pero eso no es lo peor.

Cada vez que aceptamos la última aplicación de moda, el sistema registra nuestros datos.

Nos piden permiso, eso sí. Pero o aceptas el registro o te quedas sin aplicación. Y cuando te dicen que van a usar tus datos personales es que quieren coger todos tus datos personales y los de tus amigos.

Facebook lo dice muy clarito, porque aunque no es algo de lo que haga publicidad a golpe de bombo y platillo tampoco lo oculta en su página Declaración de Derechos y Responsabilidades en el apartado 2.3.

Como si los usuarios fuesen leyendo los “acuerdos” de cada vez… Y si uno se va a la página Acerca de la Plataforma, lee en inglés que la aplicación puede acceder a la información tanto propia como de los amigos.

Finalmente, el texto incluye una serie de ejemplos de tipos de datos que puede recoger la Plataforma. No lo copio/pego todo aquí porque es muy extenso. Pero la idea está muy clara con un simple vistazo: Cualquiera. Y para cualquier propósito. Gustos literarios, musicales, edad,… Etc.

Y además, si se ha leído el texto de Acerca de la Plataforma que he enlazado ahora ya sabrá que mientras Facebook se preocupa por la seguridad de la información de sus usuarios y aunque intenta que los demás también lo hagan, bueno pues… digamos que como de esto último no se puede hacer responsable, pues se lava las manos.

Quede claro que no hay nada de inusual en esto. ¿De dónde cree que sacan las empresas que le dan la paliza por teléfono en su propia casa con ofertas y más ofertas y tarjetas que no ha pedido y enciclopedias que no le interesan? Pues de las letras pequeñas de esos contratos que firma sin leer en distintos sitios.

Así que el problema no es Internet, ni es Facebook. Esta es una cuestión de protección de datos que va más allá de Internet y que tiene más que ver con el abuso de las posiciones dominantes que con otra cosa.

En todo caso, el problema que añade Internet a todo esto es la celeridad con la que la información circula por la red y la capacidad de multiplicar las transacciones entre empresas. Nuestros datos potencialmente podrían acabar en cualquier base de datos del mundo en cuestión de segundos.

A todo lo dicho hay muchos ingredientes que añadir, entre los cuales está sin lugar a dudas la defensa ante ataques maliciosos, pero no nos vamos a extender en ello ahora.

Simplemente, recordar lo que ya dije el otro día: Facebook, Ning, Twitter… Podrían convertirse en los nuevos portales de entrada a Internet. De hecho, la amenaza actual de Google o Yahoo ya no son posibles buscadores pequeños que puedan hacer una campaña de penetración agresiva en su mercado sino las redes sociales, cuyo uso aumenta diariamente. Y en las cuales las personas tienen una tendencia natural a desinhibirse y contar sus cosas, adherirse a grupos y socializarse sin pudor. Claro… Hasta que uno se cansa y se encuentra que no hay forma de borrar su perfil… O simplemente abandona sus datos en la red… A su suerte, como si realmente no le importasen…

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Facebook como fuente de problemas sociales

Recoge el ABC una interesante encuesta: ¿Aceptarías a tu jefe en Facebook?

Las cosas como son. La mayoría lo tiene muy claro: NO. Aceptar a un jefe es un error.

Claro está, cualquiera puede pensar: ¿Y qué problema hay? Con no aceptarlo, ya está. Claro, claro… Pero la encuesta era un poco más maliciosa y planteaba la situación del cambio. ¿Y si….  y si fuera amigo de antes y luego a ti o él os ascienden? Hay un cambio. Un cambio que introduce un nuevo patrón de relación. Lo que aparezca en la red ya no es entre iguales, sino entre personas vinculadas por una relación de poder.

Esta encuesta me ha traído a la memoria una conversación de hace algún tiempo en un grupo ciertamente amplio de personas: ¿Qué criterio seguir para agregar gente a Facebook? Se barajaron varias posibilidades y el debate dio para un buen rato de conversación y algunas risas. Una de las propuestas más interesantes fue la que sostuvo un buen amigo mío que sugirió que debía seguirse el mismo criterio que en la vida real. ¿Agregarías como amigo en la vida real a tu jefe?

Sin embargo, yo discrepo de esta postura, que aunque bastante racional no es una solución óptima al problema ni se le aproxima.

En la vida “real” no te queda muchas veces otro remedio más que agregar a tu jefe como amigo, amigote, colega o pesado que no tiene ni que molestarse en autoinvitarse. En Facebook no tienes porqué hacerlo así.

Creo que lo mejor es que separar las cuentas: Una personal y otra profesional. Aplicando este criterio, además de ayudarnos a entender mejor nuestro entorno social, nos ahorraremos muchos problemas.

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