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¿De la brecha digital a la estratificación digital?

En un interesante artículo de Business Insider, Gregory Galant nos cuenta cómo la privacidad es cada vez más difícil de gestionar en los social media. De hecho, dice el autor, esto de Facebook empieza a ser como programar el vídeo hace años. Y es cierto. Las redes sociales implican fuertes recelos para muchos usuarios de Internet precisamente por la falta de privacidad que su uso implica. Es más, este hecho llega en algunos casos a suponer tal rechazo que directamente se las menosprecia afirmando que dichas redes sólo sirven para el cotilleo baladí o que son una pérdida de tiempo.

Es un fenómeno curioso el que están produciendo las redes sociales, ya que desde la aparición de la informática personal fundamentalmente se había producido una “brecha digital”.Fenómeno éste que, limitándolo al primer mundo, básicamente consistía en que antes de y después de la aparición del ordenador se había dividido a la sociedad en dos: Los que lo habían asumido como una tecnología fascinante de la que querían sacar el mejor provecho, y los que vieron en el ordenador un aparato extraño con el que nunca se familiarizarían por muchos cursos de ofimática e internet que hicieran.

Sin embargo, las redes sociales de masas están generando la aparición de nuevas brechas, y por tanto, estratificando a los internautas. Hasta ahora los internautas podíamos ser muchas cosas, pero nuestras principales diferencias como usuarios de la red se debían al uso que a ésta le diéramos y no a la dificultad técnica que las actividades supusieran. Por decirlo de otro modo, entre chatear, forear, comentar en un blog o jugar en red no había muchas diferencias en cuanto a la dificultad técnica y realmente, entre dedicar el tiempo a unas u otras actividades era una cuestión de gustos. Con las redes sociales esto se ha acabado.

Las redes sociales han introducido un nuevo elemento en el escenario en red: La privacidad. Un elemento muy especial que está levantando susceptibilidades entre muchos internautas y está provocando una división en el seno de la gran comunidad global que es Internet.

Miremos las cifras: 1.800 millones de usuarios de Internet en todo el mundo. 400 de ellos en Facebook. Más de 100 millones, Twitter (no necesariamente distintos a los de Facebook). 65 en Linkedin (una vez más, no necesariamente distintos a los de Fb o Tw).

Así que, cabe preguntarse (repito, cabe preguntarse, porque aquí respuestas cerradas no hay ni una, ni en este blog pretendo otra cosa que apuntar ideas y hacer reflexiones) si al igual que en las décadas pasadas a pesar del objetivo primero de que la informática fuese sencilla y alcanzable por todo el mundo, el ordenador personal supuso la primera gran brecha digital en la sociedad, las redes sociales y su incapacidad para gestionar la privacidad a gusto de todos van a acabar convirtiéndose en el desencadenante de la primera gran brecha entre los internautas.

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Todo va a Cambiar, Enrique Dans

Todo va a Cambiar es un libro fundamental para todos aquellos que no sean geeks, pero aún así aspiren a no quedarse desconectados. Políticos, empresarios y ciudadanos de a pie harían bien en leerlo. No es un manual de negocios, pero sí una magnífica guía para comprender un poco mejor la Sociedad de la Información. Para los que no hayan estado hasta ahora en Internet, Todo va a Cambiar les va a dar sobradas razones para darse cuenta de su error. Para todos los que hemos estado, Todo va a Cambiar no aporta nada nuevo, salvo quizás la descarnada descripción de porqué tanta gente nos mira mal.

Como ya les anticipé hace unos días, el libro de Enrique Dans cayó en mis manos el mismo día que se ponía a la venta. Sí, cayó en mis manos.

Él estaba apaciblemente colocado en una más que discreta posición de una más que longeva y céntrica librería de mi ciudad(*), yo lo vi y, como quien no quiere la cosa, decidí que era cuestión de agacharme disimuladamente, antes de que el propio Enrique se asustase desde la portada ante la notoria avidez de mis manos. Así lo hice. Lo pagué y cuando llegué a mi casa empecé a leerlo.

Sí, lo digo claramente. Tenía ganas de leerlo. Porque lo usual es que este tipo de libros los escriban gurús de lengua inglesa, cuyos trabajos muchas veces no se llegan ni a traducir, o lo que es peor ni siquiera llegan a las librerías directamente. Así que, cuando todo un profesor del Instituto de Empresa – IE- , cuyo prestigio como institución de formación postgrado creo que me permite ahorrarme cualquier presentación al respecto -, español ¡y encima coruñés como yo!, se decide a escribir un libro sobre el profundo cambio que se ha producido en el mundo como consecuencia de la entra de las TIC, y especialmente de Internet, yo quiero tener un ejemplar entre mis manos cuanto antes, para poder disfrutarlo.

Y, el resultado de mi adquisición es que estoy aquí escribiendo esta crónica de esa faceta de mi vida de lector compulsivo, a las 9:25 de la mañana recomendándole a cualquier persona que se acerque por mi blog que adquiera el libro si no lo ha hecho, y que lo lea si ya lo ha comprado, pero lo tiene aún pendiente de lectura.

¿Que por qué habría de hacerlo? Claro. Ese es el meollo de la cuestión. Pero yo le contestaría: Me resultaría más fácil poder decirle porqué no. Y la razón por la que no comprarlo es sencilla y a la vez demoledora: Porque tal vez le puede llegar a estresar. Sí, en serio. Si no es usted como yo, puede que se estrese leyendo este libro.

Yo soy una persona que ha vivido el nacimiento de la era del PC. Es más, vi como todos mis amigos acaparaban aquellos artilugios que hoy caben en programitas ridículos y nimios que se llaman emuladores. ¡Y entonces nos parecía todo un espectáculo de la tecnología! Pero no la viví como cualquier otro, la viví con la intensidad de los tecnófilos, tecnólogos o más comunmente, frikis, geeks,… Como ustedes quieran. Y desde entonces hasta hoy. Así que a mí, este libro lo que me ha aportado son horas de lectura amena, agradable y, aunque pocos, algún que otro desacuerdo con el autor; pero, ninguna novedad. Eso sí, una sólida y bien explicada descripción de la realidad. Y, todo hay que decirlo, Enrique Dans escribe bien.

En muchos aspectos dicha descripción está limitada por razones de simplificación explicativa, imagino, pero limitada al fin y al cabo.  Por ejemplo, cuando habla de las fricciones clásicas – con unos u otros nombres- que se reducen no explica, sin embargo, que Internet introduce algunas fricciones nuevas. Sin embargo, aún así, la descripción global, de conjunto, que se desarrolla a lo largo del libro resulta muy certera.

Por todo ello es por lo que Todo va a Cambiar puede llegar a estresarle; porque la realidad que nos ha tocado vivir es de todo menos apacible. Es extraordinariamente cambiante, inestable e incierta; lo cual para una persona como yo resulta fascinante; y lo es. Pero desde luego, no es tranquila, y por tanto cuando se dé de bruces con la realidad es posible que se estrese un poco.

Pero ¿qué cuenta el libro?

El libro, escrito bajo licencia CC, se estructura formalmente en un Prólogo de Vinton Cerf (¡ahí es nada!), una introducción y 17 capítulos. En él, el profesor Dans nos va contando cómo está el mundo. Cómo ha cambiado ya y cómo esos cambios en muchos casos no son más que atisbos de lo que se avecina.

Todo va a Cambiar está escrito con un lenguaje sencillo que lo hace accesible para el más profano en la materia. En algunos momentos utiliza símiles con la Biología, campo del cual proviene originalmente el autor, para comparar Internet y los cambios que se producen en el mundo con un ser vivo o un ecosistema. Y en otros utiliza algún anglicismo del que podría haber prescindido. Pero en todos los casos la amenidad y sencillez del libro es indiscutible.

A lo largo de sus páginas van a apareciendo distintos personajes, muchos de ellos conocidos: Los copyrights, la Wikipedia, Microsoft, Google,… Pero no sólo esos grandes personajes. De lo mejor que se puede decir de este libro es que en él aparecemos usted y yo. Sí, en serio. Ahí estamos. Todo va a Cambiar es un libro, se lo crea o no, donde estamos todos.

El libro comienza con una descripción desabrida y nada políticamente correcta de la confrontación entre la industria del soporte físico de contenidos e Internet. Un tema conocido por la inmensa mayoría, aunque a través de informaciones distorsionadas e interesadas que Dans deconstruye magníficamente a lo largo de su ensayo. Pero ese enfrentamiento entre el progreso y los lobbies de presión que intentan frenarlo es sólo el principio. El punto de arranque desde el cual el autor va a sumergir al lector en un apasionante viaje por la realidad en la que no sólo hay átomos sino también bits. He de reconocer que me ha encantado volver a leer esta división clásica establecida para el gran público magistralmente por Nicholas Negroponte en El Mundo Digital nada más empezar el libro con una simpática anécdota sobre el valor del hardware y del contenido.

A pesar de lo dicho hasta aquí respecto del comienzo de la obra, los primeros capítulos en general son más bien ligeritos. Casi podríamos decir que son una introducción larga. Como una especie de terapia relajada para que el lector tome asiento y se ponga cómodo. “Pase, pase. Siéntase como en su casa, póngase cómodo, ¿ve cómo lo llevo por caminos conocidos?” “Sí, sí, claro…”. Pero a medida que el libro avanza…

No, no le voy a contar más. ¡Claro que no! Porque cada experiencia es única y personal, y bastante les he contado ya de la mía. ¡Léase el libro y podrá tener su propia experiencia personal y tan transferible o privada como usted quiera!

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(*) Sí, la verdad es que fue decepcionante encontrarlo tan mal situado teniendo en cuenta que mi ciudad fue – si los pocos datos biográficos que se señalan del autor por algunos sitios de Internet no son erróneos – la que lo vio nacer y que la librería en cuestión tiene una largo catálogo de libros sobre la ciudad pero bueno, son cosas del directo.

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#Veo7 caminando hacia el Blended Media

Me encanta la apuesta que está haciendo Veo7 por la integración de medios o más exactamente por la búsqueda de una comunicación integral.

Llevo días enganchado a esa cadena por causa de su original idea de redefinir los mensajes en pantalla de sus programas.

Hasta ahora, como todo el mundo sabe a lo largo de las distintas cadenas televisivas algunos programas (no muchos) permitían enviar a un módico coste de 1.2 € o similar un sms para que apareciese en pantalla.

Ahora, con Veo7, programas como 7 Noticias 7 Opiniones o La Vuelta al Mundo, permiten enviar además mensajes vía TWITTER, necesitando para ello simplemente una conexión a internet, una cuenta de twitter (gratuita) y escribir el hashtag #veo7 en cualquier lugar del mensaje que se envíe.

Un ejemplo sencillo: hola #veo7

Y el mensaje saldrá en pantalla, para todos los televidentes del programa que se esté emitiendo en ese momento.

Parece una chorrada, ¿a que sí? Como muchas otras ideas, toda vez que se ve que funcionan parecen triviales… Pero hay que ponerlas en práctica y hacer que funcionen.

La idea no es simplemente un remozado de los sms de toda la vida (de toda la vida!!! ¿a que da vértigo pensarlo? pues el SMS nace 1992 y realmente el gran público no lo empezará a usar hasta 1998). La idea va más allá.

Dense cuenta de lo que pasa de forma instantánea a la habilitación de Twitter como forma de interacción con el programa: Que el contenido del mismo genera conversación en tiempo real en la red. ¡Esto es mucho mejor que tener un blog y andar a la búsqueda de titulares!

Al menos para la inmensa mayoría de los internautas que no tienen tiempo o ganas de mantener un blog, sí lo es. Yo es que como soy ya de la prehistoria digital, ¡de cuando los ordenadores no tenían ni HD! Pues abandonar mi macroblogging… Ains… Uno es un pelín nostálgico.

Pero ¡eh! Aún hay mejores noticias, y para los chicos de Veo TV realmente estupendas. No es incompatible el microblogging y el macromablogging. Más bien al contrario. De modo que lo que se comenta en la Twittertulia se redifunde en los blogs en tiempo real o al día siguiente en redifusión si quien lo comenta es un ultra o en directo si quien lo cuenta es un progre.

Una campaña de marketing digital hecha desde un mass media tradicional que trasciende a un nuevo concepto que podríamos llamar, tomando por referencia otras denominaciones similares, Blended Media: La fusión organizada de distintos medios para difundir el mismo contenido. Pero con dos añadidos que para mí resultan muy interesantes y atractivos y que lo convierten en Blended Media frente a los demás proyectos mass media con presencia en Internet vía Youtube o cualquier otra comunidad multimedia:

  • Que existe un cuerpo de información que está perfectamente canalizado; y,
  • que la conversación que se genera ni mucho menos acaba en abandonspeech, que es lo que es en todos los demás casos.

En definitiva, Melchor Miralles y sus chicos de la noche (Fernández Miranda y Cuesta, el reparte cañas) debieron reunirse un día y llegar a la conclusión de que si iban a hablar de ellos querían saber lo que se decía. Sabia decisión. Y así nos lo han hecho saber a los internautas. Y nosotros, que por más que se diga lo contrario en el fondo somos buenos chic@s, les hemos respondido.

Y lo cierto es que tal como está de encendida la lucha entre los buscadores y las redes sociales, creo Veo7 está haciendo una apuesta muy valiente, inteligente y en el buen camino.

Bueno, he de confesarles que a mí hay un aspecto de toda esta historia que me tiene realmente intrigado: ¿Por qué aún siguen sin habilitar una pantalla para ver los programas online en directo? ¿Tendrán algún acuerdo con los fabricantes de televisores? ¿Eh?

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La traslúcida seguridad de Internet

Si usted tiene un perfil en una red social lo más seguro es que le haya contado su vida a muchas más personas de las que siquiera imagina.

No quiero asustarle, ni mucho menos. Pero la realidad es que la seguridad de las redes sociales deja bastante que desear. Y no son precisamente las más populares las más seguras. Más bien al contrario.

La seguridad de la información en las redes sociales es un hoax tan grande como las profecías de Nostradamus. Basta un amigo que conoce a un amigo, para que la información circule más allá de lo que pretendíamos. Pero eso no es lo peor.

Cada vez que aceptamos la última aplicación de moda, el sistema registra nuestros datos.

Nos piden permiso, eso sí. Pero o aceptas el registro o te quedas sin aplicación. Y cuando te dicen que van a usar tus datos personales es que quieren coger todos tus datos personales y los de tus amigos.

Facebook lo dice muy clarito, porque aunque no es algo de lo que haga publicidad a golpe de bombo y platillo tampoco lo oculta en su página Declaración de Derechos y Responsabilidades en el apartado 2.3.

Como si los usuarios fuesen leyendo los “acuerdos” de cada vez… Y si uno se va a la página Acerca de la Plataforma, lee en inglés que la aplicación puede acceder a la información tanto propia como de los amigos.

Finalmente, el texto incluye una serie de ejemplos de tipos de datos que puede recoger la Plataforma. No lo copio/pego todo aquí porque es muy extenso. Pero la idea está muy clara con un simple vistazo: Cualquiera. Y para cualquier propósito. Gustos literarios, musicales, edad,… Etc.

Y además, si se ha leído el texto de Acerca de la Plataforma que he enlazado ahora ya sabrá que mientras Facebook se preocupa por la seguridad de la información de sus usuarios y aunque intenta que los demás también lo hagan, bueno pues… digamos que como de esto último no se puede hacer responsable, pues se lava las manos.

Quede claro que no hay nada de inusual en esto. ¿De dónde cree que sacan las empresas que le dan la paliza por teléfono en su propia casa con ofertas y más ofertas y tarjetas que no ha pedido y enciclopedias que no le interesan? Pues de las letras pequeñas de esos contratos que firma sin leer en distintos sitios.

Así que el problema no es Internet, ni es Facebook. Esta es una cuestión de protección de datos que va más allá de Internet y que tiene más que ver con el abuso de las posiciones dominantes que con otra cosa.

En todo caso, el problema que añade Internet a todo esto es la celeridad con la que la información circula por la red y la capacidad de multiplicar las transacciones entre empresas. Nuestros datos potencialmente podrían acabar en cualquier base de datos del mundo en cuestión de segundos.

A todo lo dicho hay muchos ingredientes que añadir, entre los cuales está sin lugar a dudas la defensa ante ataques maliciosos, pero no nos vamos a extender en ello ahora.

Simplemente, recordar lo que ya dije el otro día: Facebook, Ning, Twitter… Podrían convertirse en los nuevos portales de entrada a Internet. De hecho, la amenaza actual de Google o Yahoo ya no son posibles buscadores pequeños que puedan hacer una campaña de penetración agresiva en su mercado sino las redes sociales, cuyo uso aumenta diariamente. Y en las cuales las personas tienen una tendencia natural a desinhibirse y contar sus cosas, adherirse a grupos y socializarse sin pudor. Claro… Hasta que uno se cansa y se encuentra que no hay forma de borrar su perfil… O simplemente abandona sus datos en la red… A su suerte, como si realmente no le importasen…

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La WWW y las redes sociales

Uno de los aspectos más fascinantes de los últimos años ha sido la proliferación de redes sociales en Internet.

Llama la atención. En tan sólo unos pocos años, FACEBOOK ha alcanzado la friolera de 400 MILLONES DE USUARIOS. ¡Ahí es nada!

Twitter en España no pasa de ser un chat geek para locos por el circo como yo y algunos más. La inmensa mayoría de los que alguna vez se han conectado, lo han probado y ahí se ha quedado. Sólo un 20% del total generamos la información que fluye por portal de microblogging. Pero en el mundo tiene una importante capacidad de link entre profesionales, que a golpe de 140 caracteres señalan cuáles son las tendencias tech del sector. Reuniones de alto nivel, ideas inspiradoras que mueven a las grandes empresas… Tan sólo una línea del gran gurú es capaz de captar la atención de miles de personas directas en un sólo instante; y vía multicanal y multimedio el mensaje se difunde como la pólvora por todo el mundo.

Y lo cierto es que entre ellos tuitear o feisbuquear son sólo una forma más de juego de estrategia. ¿Qué te digo? ¿Qué no te digo? Como decía cierta presentadora: “Y hasta aquí puedo leer“.

Pero en medio de estos dos gigantes de la redes sociales, cae uno de la cuenta que cada día aparece una nueva comunidad virtual con aspiraciones. Hoy es otro “facebook” de increíble éxito en Francia, mañana es otro picotea

Y uno empieza a preguntarse cuál será el límite.

Y empieza a plantearse hasta qué punto la proliferación de redes sociales va a permitir la unión de la red o la va a fragmentar.

Si cada usuario escoge una red, ¿no se está fragmentando la cadena de comunicación?

Sin embargo, lo cierto es que la experiencia demuestra (ampliamente) que un gran número de usuarios se socializan a través de varias redes sociales.

En este contexto, un aspecto que me llama especialmente la atención es cómo ha quedado relegado el papel de la web (incluso está empezando a pasar con el blog) a link entre usuarios.

Desde el origen de Internet la hegemonía de la WWW se ha basado en un estructura de webs. Uno buscaba información en una web. Esto ya no es así. Uno busca información en una red social, entre los comentarios de sus amigos, conocidos, seguidores, etc. De tal forma que de todos estos usuarios sólo algunos son líderes que difunden mensajes de webs y blogs y consiguen generan conversación, mientras que el resto tienen un papel más bien de seguidor. Replican lo que ha iniciado el líder o lo contestan, ofreciendo conversación pero no generándola.

Puede resultar curioso y casi apocalíptico en los tiempos en que Google es el rey. Pero lo cierto es que no es descabellado empezar a pensar que pronto los portales de inicio de los usuarios sean las redes sociales.

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Twitter bajo presión

Hablar de la expansión de Twitter es querer hacerse el enteradillo cutre de la red. Como si fuera mucha cosa hacer notar lo que es más que evidente.

Sin embargo, lo que a mí me trae de cabeza es el éxito de una comunidad que cada dos por tres tiene lag, o está caída o se encuentra bajo presión, como ahora mismo que no he podido hacer una búsqueda porque el pobre pajarillo más que trinar está haciendo gárgaras…

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Twitter for President

El fenómeno Twitter es imparable. Desde que el sitio de microblogging fue lanzado en 2006 hasta hoy la evolución ha sido impresionante.

Durante las pasadas elecciones iraníes la red sirvió de medio para manifestar el descontento de muchos ciudadanos con los medios tradicionales. Incluso hubo quien habló de una Twitter Revolution.

Ahora, Twitter llega a la Casa Blanca, porque el Premio Nobel de la Paz que hace dos días desplegaba las tropas de la OTAN en Afganistán parece ser es un adicto al pajarito.

Durante los convulsos días del 11 al 14 de marzo de 2004, en España se convocaron manifestaciones “espontáneas” con SMS de teléfono móvil a teléfono móvil. Cabría preguntarse si hoy, a los agitadores de entonces, les sería tanto o más efectivo realizar la misma convocatoria mediante un SMS convencional o mediante Twitter.

El caso es que, de forma evidente, las relaciones comunicacionales de la sociedad del siglo XXI están dando un cambio drástico. Mientras aún hay gente que persiste en mantenerse ajeno a la comunicación global,  el mundo está cambiando. Pronto se encontrarán fuera de lugar.

La importancia de que la Casa Blanca se meta en Twitter no es tanto una cuestión de tecnofashion-victim como de la necesidad de deslocalizar la voz y los oídos.

En un mundo global, donde incluso la defensa nacional atiende a fronteras no geográficas, las redes sociales son el mejor instrumento civil para conocer de primera mano cualquier brote de opinión en cualquier lugar del mundo.

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